Acoso escolar: un problema social, no solo educativo.

La muerte de una menor nos duele, nos remueve y nos obliga a mirar de frente una realidad incómoda. El dolor ajeno no debe ser noticia pasajera ni argumento político, es una tragedia que merece respeto y compromiso,
Ojalá transformemos el impacto mediático en conciencia y compromiso sostenido, y no en olvido.

Para ello debemos empezar por admitir que el acoso escolar no es un fallo del sistema educativo, ni responsabilidad exclusiva de los centros educativos: es el reflejo de una sociedad que aún no ha aprendido a cuidar, a escuchar y a respetar.

🆘 El acoso no nace en la escuela, se aprende en la sociedad.

Cada vez que una niña, un niño o un adolescente sufre acoso, fallamos todos: familias, docentes, instituciones y sociedad. Porque detrás de cada caso hay señales ignoradas, silencios que pesan y una cultura que normaliza la burla, el desprecio, la exclusión… la falta de respeto en general.
El acoso no nace en la escuela: se aprende en los hogares, en la calle, en las redes sociales y en los modelos que mostramos día a día: los centros educativos reflejan lo que somos colectivamente.

🚨 Necesitamos prevención, no reacción

El respeto, la empatía y la compasión no se improvisan. Se construyen día a día en el lenguaje que usamos, en cómo pensamos, cómo afrontamos los retos y los conflictos, cómo hemos construido nuestra identidad, cómo hemos forjado nuestra autoestima y cómo percibimos lo diferente. Y esto no sólo habla de las víctimas o los agresores, sino a los espectadores que consienten y miran hacia otro lado, ignorando el compromiso que tenemos como seres humanos.

📋Protocolos ineficaces

Los protocolos existentes contra el acoso escolar fracasan con demasiada frecuencia. Sinceramente no creo que siempre sea por falta de voluntad: docentes y orientadores lo repiten, se sienten atrapados entre el deseo de proteger y una burocracia que les sobrepasa, más centrada en rellenar informes que en acompañar emocionalmente a víctimas y agresores. Falta formación, faltan recursos, y en ocasiones falta respaldo de los equipos directivos y las administraciones, y a veces tan sólo es cuestión de prioridades. Pero ¿No es un fracaso social que el sufrimiento de un menor no sea siempre nuestra prioridad?

«Mientras el sistema dedica horas a procedimientos administrativos, el tiempo de escucha, presencia y acompañamiento real se diluye«.

Los centros tienen que pasar de la gestión del conflicto a la educación emocional preventiva, con recursos, formación y espacios reales para construir convivencia.

⚖️ Legislar para proteger

También urge una legislación coherente, actual y preventiva, que proteja tanto en el aula como en las redes. Porque el entorno digital amplifica el acoso y lo vuelve más peligroso y cruel. Las leyes deben garantizar acompañamiento, formación y responsabilidad compartida entre familia, escuela y plataformas digitales. No basta con sancionar: hay que formar y cuidar.

💛 Estar presentes: la verdadera prevención.

Prevenir es estar: escuchar sin juzgar, acompañar sin minimizar, observar sin miedo.
Nuestros hijos, nuestros alumnos y nuestra joven sociedad no necesitan modelos perfectos, sino presentes; no necesitan héroes, sino adultos conscientes.

El acoso escolar precisa compromiso social, porque prevenirlo no es tarea de unos pocos, sino responsabilidad de todos. Cada gesto, cada palabra y cada silencio pueden marcar la diferencia. Solo con conciencia, empatía y acción colectiva podremos erradicarlo. El dolor y la rabia ante la injusticia son naturales, pero responder con odio solo reproduce la misma dinámica que intentamos erradicar.

Educar también es enseñar a canalizar la emoción: a transformar el enfado en acción, la impotencia en conciencia, la tristeza en compromiso.

No necesitamos más violencia, sino más empatía, más compromiso y más humanidad.