Cambiar para crecer: el primer paso de Emocionanddo.

cambiar para crecer

¿Por qué dedicarle la primera entrada del blog al cambio?

Porque Emocionando nace precisamente de él. Somos el resultado de un camino lleno de obstáculos, inseguridades, dudas e incertidumbres. De excusas reales… y de otras creadas por nuestras propias creencias limitantes.

Todos hemos vivido esto alguna vez: proponernos ir al gimnasio, dejar de llegar tarde, beber más agua, cambiar de trabajo, ser más empáticos, leer antes de dormir… y rendirnos a mitad de camino. Cambiar no es fácil. Pero es posible.

“Cambiar no siempre es fácil, pero crecer siempre merece la pena.”

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

El cambio es un proceso desafiante porque implica tanto nuestra parte más racional como a las emociones. Nuestro cerebro está diseñado para priorizar la seguridad, la estabilidad y la eficiencia. Busca mantener el equilibrio interno (conocido como homeostasis) y, por eso, percibe el cambio como una amenaza.

Además, el cerebro automatiza hábitos para ahorrar energía. Cambiar significa salir del piloto automático… y eso requiere esfuerzo. A esto se suma otro factor: la incertidumbre, que activa nuestro sistema de alerta y despierta el miedo. Y ya sabemos lo que ocurre ante el miedo: huimos, atacamos o nos paralizamos.

En la sociedad actual, acostumbrados a la gratificación inmediata, mantener el esfuerzo sin resultados visibles es aún más difícil. El placer de “lo obtengo ahora” suele ganarle la batalla al beneficio a largo plazo.

Entonces… ¿es posible cambiar sin morir en el intento?

Sí. El cambio es posible, pero requiere consciencia, estrategia y constancia. Aquí tienes algunas claves para empezar:

1. Conecta con el “para qué”. No es lo mismo “tener que” cambiar que comprender para qué quiero hacerlo. Ese propósito es el que sostiene la motivación cuando llega el cansancio.

 2. Da pequeños pasos. El cambio gradual genera menos resistencia interna y es más sostenible.

3. Establece metas realistas. Si la meta es inalcanzable desde el punto de partida, lo único que logra es frustración. Paso a paso también es avanzar.

4. Sé concreto. No es lo mismo “beber más agua” que “beber 6 vasos al día”. Cuanto más medible, más alcanzable.

5. Repite y mantén. La repetición consolida nuevas conexiones neuronales hasta convertirlas en hábito. Todo hábito empieza siendo pequeño.

6. Cambio de mentalidad. Adoptar una perspectiva de crecimiento —“puedo mejorar con práctica”— nos permite transitar el proceso con más amabilidad y menos autoexigencia.

Cambiar como oportunidad

El cambio puede dar miedo, pero también puede ser un inicio. Cuando entendemos su lógica interna, deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad real de evolución personal.

Este es el camino que dio origen a Emocionando. Y también puede ser el punto de partida de tu propio proceso.

Si estás en un proceso de cambio o quieres iniciarlo, me encantará acompañarte.
Te leo en comentarios o en redes, y si lo prefieres, podemos empezar juntos este camino hacia tu bienestar emocional
poniéndote en contacto con nosotros.

Porque Emocionando nace precisamente de él. Somos el resultado de un camino lleno de obstáculos, inseguridades, dudas e incertidumbres. De excusas reales… y de otras creadas por nuestras propias creencias limitantes.

Todos hemos vivido esto alguna vez: proponernos ir al gimnasio, dejar de llegar tarde, beber más agua, cambiar de trabajo, ser más empáticos, leer antes de dormir… y rendirnos a mitad de camino. Cambiar no es fácil. Pero es posible.

“Cambiar no siempre es fácil, pero crecer siempre merece la pena.”

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

El cambio es un proceso desafiante porque implica tanto nuestra parte más racional como a las emociones. Nuestro cerebro está diseñado para priorizar la seguridad, la estabilidad y la eficiencia. Busca mantener el equilibrio interno (conocido como homeostasis) y, por eso, percibe el cambio como una amenaza.

Además, el cerebro automatiza hábitos para ahorrar energía. Cambiar significa salir del piloto automático… y eso requiere esfuerzo. A esto se suma otro factor: la incertidumbre, que activa nuestro sistema de alerta y despierta el miedo. Y ya sabemos lo que ocurre ante el miedo: huimos, atacamos o nos paralizamos.

En la sociedad actual, acostumbrados a la gratificación inmediata, mantener el esfuerzo sin resultados visibles es aún más difícil. El placer de “lo obtengo ahora” suele ganarle la batalla al beneficio a largo plazo.

Entonces… ¿es posible cambiar sin morir en el intento?

Sí. El cambio es posible, pero requiere consciencia, estrategia y constancia. Aquí tienes algunas claves para empezar:

1. Conecta con el “para qué”. No es lo mismo “tener que” cambiar que comprender para qué quiero hacerlo. Ese propósito es el que sostiene la motivación cuando llega el cansancio.

 2. Da pequeños pasos. El cambio gradual genera menos resistencia interna y es más sostenible.

3. Establece metas realistas. Si la meta es inalcanzable desde el punto de partida, lo único que logra es frustración. Paso a paso también es avanzar.

4. Sé concreto. No es lo mismo “beber más agua” que “beber 6 vasos al día”. Cuanto más medible, más alcanzable.

5. Repite y mantén. La repetición consolida nuevas conexiones neuronales hasta convertirlas en hábito. Todo hábito empieza siendo pequeño.

6. Cambio de mentalidad. Adoptar una perspectiva de crecimiento —“puedo mejorar con práctica”— nos permite transitar el proceso con más amabilidad y menos autoexigencia.

Cambiar como oportunidad

El cambio puede dar miedo, pero también puede ser un inicio. Cuando entendemos su lógica interna, deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad real de evolución personal.

Este es el camino que dio origen a Emocionando. Y también puede ser el punto de partida de tu propio proceso.

Si estás en un proceso de cambio o quieres iniciarlo, me encantará acompañarte.
Te leo en comentarios o en redes, y si lo prefieres, podemos empezar juntos este camino hacia tu bienestar emocional
poniéndote en contacto con nosotros.